Te tenía calado, o por lo menos a tus sonrisas, lunares, pestañas, moratones, lágrimas… Lo único que me faltó por descubrir fuiste tú y tu maldito interior. Ese maldito dolor que te gustaba ocultar. Tengo que confesarte que lo hiciste muy bien, llegaste a tal punto fingiendo que nadie se dio cuenta. Excepto yo,que me había parado tantas veces a contar cada parte de ti que no pudiste engañarme.
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